Cuidado con la confianza al volante

Publicado en por CALUFA Blog

Aprendí a tener cuidado con la confianza al volante un día que llevaba a mi familia y casi me estrello contra un paredón. Fue un susto enorme, frustrante y penoso ya que había sido en gran parte por imprudencia mía al  confiar en que podía pasar a la siguiente marcha acelerando considerablemente mientras iba por una carretera muy peligrosa, llena de neblina y que se encontraba con baja precipitación.

Esa tarde-noche íbamos camino a mi casa situada en San Ramón de Alajuela, veníamos de La Fortuna de San Carlos y como muchos sabrán esa carretera se torna muy difícil y peligrosa de manejar al llegar la noche, no solo por lo curveada que es si no también por la cantidad de neblina y llovizna que envuelve la zona. Estaba manejando en segunda marcha ya que iba de bajada y la visibilidad era poca; sin embargo en un momento sentí que estaba manejando bastante bien y que podía pasar a tercera para lograr ir más rápido y así llegar más pronto a casa. Imprudentemente lo hice.

Al inicio lo sentí bien, pero en cuestión de 2 minutos estaba pasando por un puente donde al finalizar seguía una vuelta muy cerrada la cual por la velocidad que traía, aproximadamente de 75km/h, no logré darla bien. Al finalizar ese puente, se encuentra un paredón de aproximadamente 10 metros de altura y por eso la curva debe darse con mucha precaución y a baja velocidad. Al darme cuenta del paredón que tenía al frente lo único que hice fue voltear el volante lo más que pude para no pegar de frente y frenar con toda mi fuerza. Por supuesto al dar esa vuelta tan brusca y frenar tan fuertemente, el automóvil se apagó quedando en media carretera casi totalmente en el otro carril.

Casi toda mi familia venía dormida ya que había sido un día largo y cansado para todos, solo mi mamá que me acompañaba al lado venía despierta y se percató de todo tal y como sucedió; por supuesto, mi familia inmediatamente al sentir el frenazo y que el auto se apagó se despertó asustada y preguntando que pasaba. Mi madre estaba muy alterada y preocupada de ver que yo había sido muy imprudente al dar esa vuelta tan rápido, por lo cual me sentí terriblemente mal. Para agregarle aún más decepción, detrás de nosotros venían dos carros que lo único que hicieron fue pasar acelerando y pitando como si todo hubiese sido un juego. Me invadió el nerviosismo y la vergüenza ya que estaba exponiendo a toda mi familia sólo para lograr llegar unos cuantos minutos antes a nuestra casa.

Fue increíble como pasó todo de rápido, pero aún mas como lo recuerdo hoy, de forma tan lenta que logro detallar lo que pasó. Esto me permitió aprender a no cometer el mismo error y a no tener tanta confianza cuando estoy al volante, aunque sienta que lo esté haciendo muy bien. La verdad es que las condiciones climáticas y geográficas de un sitio son fundamentales a la hora de conducir y un accidente de tránsito no distingue entre clases sociales y mucho menos tiene tiempo ni lugar para suceder… solo sucede. Es por esto que debemos siempre ser extremadamente cautelosos y prudentes cuando conducimos, ya que no solo somos responsables de nuestra vida, sino también de muchas otras más.


STEFANNY CASTRO R.

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